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Vive Mazatlán

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La Peste Negra en Mazatlán

thumb_medico_del_siglo_xviii_dedicado_al_tratamiento_de_la_peste_negra- Introducción y Antecedentes
- La Llegada de la Peste Negra al Puerto de Mazatlán
- Ataque Frontal a la Peste Negra
- Fin de la Peste Negra

 

 

 

Introducción y Antecedentes

Se considera que la peste negra fue uno de los peores azotes epidémicos a los que se ha enfrentado la humanidad a través de los tiempos. Sus primeras manifestaciones formales se remontan al inicio de la Edad Media; Es en el mes de Octubre del 1347 cuando un barco procedente de Kaffa, en la Crimea Oriental atraca en el Puerto Italiano de Génova; tan pronto como amarra el Capitán de la nave informa a las autoridades portuarias que varios de sus marineros se encontraban muy enfermos.

El jefe del Puerto manda investigar este reporte y se percata que la mayoría de la tripulación se encontraba en estado agónico; sin tener ni la más mínima noción a lo que se estaba enfrentando, solo ordena que una vez muertos, los cadáveres de estos infelices se entierren en el campo santo de la ciudad.

En cuestión de días el mal que afecto a estos marineros de origen Chino, se extiende con gran rapidez y magnitud y logra afectar a la mayor parte de los habitantes de Génova, los que irremediablemente morían, esta situación motivo que los que se creían sanos huyeran hacia el interior del País sin darse cuenta que con ellos se llevaban al germen del mal.

Es por esa razón que la terrible epidemia siguió su marcha implacable y en tan solo tres años, la tercera parte de la población de Europa sucumbía ante este desconocido mal.

Hay registros históricos que sitúan el origen de la peste negra a tiempos anteriores a la Edad Media y nos señalan que existen pruebas concretas de que casos similares se habían presentado en el año 558 A.C. entre ciudadanos de la Roma Imperial de Justiniano el Magnifico, pero desafortunadamente no se tienen informes que nos muestren que tan graves fueron las repercusiones de la epidemia en esa época. No obstante se puede afirmar que nunca alcanzaron la magnitud, ni los niveles de mortandad de la que flagelo a la Europa de la Edad Media.

A esta extraña enfermedad, la gente le empezó a llamar la muerte negra, su sola mención hacia temblar al más valiente, su rápida propagación, alta tasa de mortalidad y el hecho de que no respetara razas, edades y clases sociales, provocaba que el pánico cundiera en todas las poblaciones de Europa que se veían afectadas por esta extraña y despiadada enfermedad.

Los médicos y alquimistas de esos tiempos, no sabían que hacer para combatir y erradicar a la enfermedad y solo se concretaban a tomar medidas preventivas para contenerla. La cuarentena, aislamiento, fuego que arrasara con los lugares infectados y el evitar tener contacto directo con los afectados eran las únicas medidas que usualmente se aplicaban.

Las autoridades Eclesiásticas por su parte, exteriorizaban que esta enfermedad era un castigo divino por los excesos de lujuria de una sociedad desenfrenada y solicitaban a los creyentes que mostraran su arrepentimiento, solicitando la intervención y piedad divina.

Ante tanta ignorancia y el desconocimiento de las causas reales de esta enfermedad, la peste negra azota el Continente Europeo durante cinco siglos, enseñorandose en tal forma que más de 25 millones de personas murieron; consecuentemente esta situación vino a trastocar el entorno social, político y económico de todos los Países afectados.

Los síntomas que presentaba esta extraña enfermedad eran fiebre altísima, delirios, inflamación de los ganglios linfáticos, tumores, infecciones pulmonares, dolores terribles de cuerpo y cabeza, trastornos graves del sistema nervioso central. Acompañados con la aparición de manchas rojas que se tornaban en negras llagosas y de olor nauseabundo; todo con una asombrosa rapidez que culminaba con la muerte.

Lo mas impactante de este mal era la velocidad con la que los afectados morían; Circunstancia que se describe con pasmoso realismo en el "Decameron" de "Boccaccio", quien en uno de sus estrujantes y muy descriptivos pasajes señalaba, "Comían con sus amados familiares y cenaban con sus ancestros en el paraíso".

Es hasta finales del Siglo XIX, que un grupo de científicos descubre al microbio responsable de este mal (Yersinia Pestis) y al mecanismo de su transmisión. Los hombres de ciencia Yersin, Bacot y Simond determinaron que el origen se debía a una zoonosis marina que se incubaba en las ratas que deambulaban en los barcos y que su transmisión ocurría a través de las pulgas, que al chupar la sangre de los roedores adquirían el mal y a su vez lo trasmitían al picar al hombre.

Al tener conocimiento la comunidad científica de la causa que ocasionaba este mal, se aboco a buscar remedios que previnieran y erradicaran este mal y en este contexto el biólogo Yersin produce y desarrolla el suero hiperinmune y el investigador Haffkine crea una vacuna para prevenir el mal.

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La Llegada de la Peste Negra al Puerto de Mazatlán

thumb_inundacin_de_la_calle_benito_juarez_despus_de_cegado_ell_cao_de_desagueEl puerto de Mazatlán vivía a finales del Siglo XIX una insólita prosperidad comercial, lo que lo situaba ante los ojos del exterior como una de las ciudades más progresistas del Occidente de México. Pero la realidad era otra, la población vivía sumida entre el lodo y la inmundicia, las aguas negras carecían de la canalización adecuada, por lo que en todas las áreas de la ciudad se podían ver lagunas de agua estancada de las que se percibían fuertes olores fétidos.

Las autoridades municipales y los notables de la comunidad, se la pasaban discutiendo proyectos higiénicos que vinieran a remediar esta insalubre situación, pero después de tediosos e interminables alegatos, nunca se tomaban resoluciones definitivas que permitieran mejorar las detestables condiciones higiénicas de la ciudad.

Esta falta de unión de criterios entre el gobierno y la sociedad dominante, colocaron a la población en una circunstancia prácticamente de fragilidad, para recibir en cualquier momento a cualquier enfermedad infecciosa que llegara; de nada habían servido las dolorosas experiencias adquiridas frente a epidemias anteriores: (Cólera Morbus 1849) y (Fiebre Amarilla 1883). La negligencia era total y absoluta, nadie parecía darse cuenta de los riesgos a los que estaban expuestos y aunque sé tenia conocimiento de la existencia de un terrible mal infeccioso que durante siglos había azotado a la humanidad, se le creía extinguido de las costas del Continente Americano y relegado a sus obscuras y lejanas guaridas del Oriente.

Que equivocados estuvieron los Mazatlecos de esos años que no comprendieron, ni tan siquiera se imaginaron, la ruina y desolación que estaba por llegarles.

La epidemia de la peste negra, de la variedad "Bubónica" se manifiesta en el puerto de Mazatlán el 13 de Octubre de 1902; se presume que el virus lo portaban unos marineros que venían a bordo del vapor "Curacao" procedentes de San Francisco California. Se dice que el virus en sus inicios no se evidencia con suficiente claridad, quizás esto se debió a la falta de conocimientos sobre el mal o al hecho de las autoridades de negarse a aceptar que la ciudad pudiera estar asociada con un problema infeccioso, sin aceptar que la realidad era otra.

Los primeros brotes del mal se dieron en una vecindad de malolientes pocilgas de madera, conocidos como "Cuarteria de Lamadrid", localizada en donde actualmente es la manzana que forman las Calles Romanita de la Peña, Venus, Roosevelt y Ancla, a una relativamente corta distancia de los cobertizos de la aduana marítima y el muelle principal de embarque. A los siete días de presentarse el primer brote de la enfermedad tuvieron lugar las primeras muertes de una espeluznante cadena que no tendría fin hasta la completa erradicación de la epidemia.

La epidemia empezó poco a poco a infectar a los ocupantes de las casas cercanas y esto alarmo a la población, quienes pidieron la intervención de las autoridades, las que en voz del delegado del consejo superior de salubridad (SSA) Dr. Leopoldo Ortega, quien también era el Prefecto de la ciudad, les informó que después de una concienzuda investigación se había evaluado que solo se trataba de una forma grave de Paludismo, causado por tantos pozos de agua infectada y al muladar existente en esos caseríos.

El Prefecto Dr. Ortega, individuo de terquedad reconocida con el tiempo se daría cuenta lo equivocado que estuvo, al atestiguar con consternación como la extraña enfermedad que el se negó aceptar, se propagaba con una espantosa rapidez fuera de todo control, hasta convertirse en una incontrolable epidemia general.

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Ataque Frontal a la Peste Negra

thumb_el_fuerte_31_de_marzo_destinado_a_los_convalecientesAl darse cuenta las autoridades sanitarias de la gravedad de la situación y del gran reto que tenían que enfrentar, acordaron tomar medidas emergentes. Lo primero que hicieron fue la clausura inmediata del caño del desagüe que como monumento a la irresponsabilidad se encontraba a flor de tierra por toda la ciudad; seguidamente se limpiaron las calles, patios, corrales y se quemaron todas las casuchas y jacales en los que se habían presentado focos infecciosos.

Adicionalmente se establecieron centros de aislamiento(Lazareto de Belvedere) y una estricta supervisión en el transitar de las personas que entraban y salían de la ciudad.

El centro de aislamiento primeramente se estableció en el área del manicomio del Hospital Civil y posteriormente en el Lazareto de Belvedere y la intención de tener estos centros era mantener a la gente infectada aislada y así evitar que la epidemia se esparciera.

En forma tajante se cerro el Puerto al trafico marítimo, por lo tanto la única entrada y salida de la ciudad era a través del Estero del Infiernillo y era ahí a la altura de la Garita de Juárez, situada en lo que ahora es la Calzada Gabriel Leyva, el lugar en el que se revisaban y desinfectaban a los viajeros y sus pertenencias; Para acto seguido enviarlos a las "Barracas del Velódromo", espacio en el que permanecían en cuarentena por espacio de diez días.

thumb_estufa_locomovil_para_la_desinfeccinOtras medidas que se adoptaron y que sirvieron de mucho, fueron él haber dividido a la ciudad en seis cuarteles, los que eran atendidos por una brigada conformada por dos auxiliares sanitarios, un Inspector y dos Médicos que tenían amplias facultades para ordenar la incineración de casas, traslado de enfermos a los centros de aislamiento, expedición de certificados y cualquier otra medida que evitara la propagación de la epidemia. Estos grupos eran eficientemente adiestrados y guiados por el Dr. Martiniano Carvajal, eminente Medico de preparación académica excelente, con una vocación de servicio comunitario que iba mas allá del simple cumplimiento del deber y poseedor de un gran temple y valor para tomar decisiones.

A este eminente medico se debe en gran parte, que la ciudad haya podido triunfar sobre la peste negra, sus medidas además de tener mucho sentido común, fueron muy acertadas.

Decálogo de medidas que estableció el Dr. Martiniano Carvajal para el combate de la epidemia:

1.Inspección domiciliaria casa por casa para detectar enfermos.
2.Aislamiento riguroso de los enfermos.
3.Desinfección cuidadosa de habitaciones, ropa de uso, cama y enseres domésticos.
4.Exterminio de ratas, ratones y pulgas. (Pago de 5 centavos por cada rata muerta) Tan solo en el año 1902 se aniquilaron 29,608 roedores.
5.Prohibición de salir y entrar a la ciudad sin el previo reconocimiento medico y la cuarentena obligada.
6.Prohibición del libre transito por los esteros.
7.La cremación estricta de toda la basura.
8.La supervisión de que la comunidad mantuviera un aseo riguroso. (aquí se hacia un énfasis muy especial a las mujeres por ser mas susceptibles de contraer la epidemia, esto por las anacrónicas y añejas costumbres existentes. Siendo una de las más curiosas la de no usar calzoncillos).
9.Incenerizacion de casas que no fueran susceptibles a desinfección apropiada. ( Durante el periodo que estuvo vigente la epidemia se incineraron 1052 casas de las 4853 que existían en todo el casco urbano.)
10.El enterramiento de los cadáveres, amortajados en una sabana empapada con una solución de bicloruro de mercurio y su deposito en fosa profunda entre dos capas de cal viva.
 
La lucha contra la epidemia se torno extenuante, las brigadas sanitarias no tenían descanso día y noche a las bombas desinfectantes se les veía pasar por todos los rumbos de la ciudad y las autoridades en un esfuerzo para aliviar y detener a este brote epidémico decidió tomar dos urgentes medidas; una consistía en vacunar a la población con la solución de Haffkine y la segunda en regalarles el suero hiperinmune de Yersin, pero desafortunadamente, no obstante las buenas intenciones, la desesperada población empezó a correr el rumor de que la vacuna lo único que hacia era acelerar el contagio y las medicinas solo eran venenos disfrazados, entregados por el Comité de Salubridad para que los contagiados murieran con mayor rapidez. Así que con estas actitudes podemos darnos cuenta que irónicamente la lucha no solo era contra la espeluznante epidemia, también era necesario combatir contra la tremenda ignorancia de las personas.

La peste bubónica trajo como consecuencia cambios muy significativos a la ciudad, bajo este contexto resurgió una comunidad con una nueva cultura de lucha, mas unida y con una nueva y más sana perspectiva de enfrentar a los problemas. En ese sentido es como se da la formación de la Junta de Caridad, que la integraban respetables miembros de la iniciativa privada y que se creo para proponer medidas y aplicar recursos monetarios para el combate de la epidemia. Esta Junta era integrada por los Señores: Alejandro Valdés Flaquer, José H. Rico, Carlos Voldquardsen, Roberto Henderson, Alejandro Loubet y Guzmán, Luis Canobbio, Bernardo Huthoff, Emilio Philippi, J.G. Claussen, Adolfo Storzel, Antonio Díaz de León, Andrés Avendaño, Baldomero Herrerías y los hermanos Alejandro y Carlos Melchers. Bajo el liderazgo de José H. Rico, los integrantes de esta junta informaban a la comunidad, que ante las circunstancias tan adversas por las que la ciudad estaba atravesando, su condición de buenos cristianos no les permitía permanecer impávidos frente al dolor que afectaba a muchas familias Mazatlecas.

La Junta de Caridad, propuso diversas medidas inmediatas, que vinieron a coadyuvar a las ya establecidas por el Consejo Municipal de Salubridad. Igualmente instituyo un fondo inicial de $15,000 pesos oro, al tiempo qué nombraba a la comisión encargada de allegar recursos para sufragar los fuertes gastos qué implicaban, los diferentes programas higiénicos qué se estaban estableciendo en la comunidad.

El siguiente paso de la Junta de Caridad, fue el emitir un llamado urgente de auxilio a todas aquellas instituciones, corporaciones y miembros de la sociedad civil del país y el extranjero, para que se sumaran a esta lucha sin cuartel en contra de la implacable epidemia.

Este llamado de auxilio, registro una respuesta solidaria nunca antes vista, de todas partes de México y del extranjero se empezaron a recibir ayudas, los donativos provenían de muy diversas fuentes: Dependencias de Gobierno, Asociaciones de Beneficencia, Grupos de Comerciantes Alemanes, Franceses y Españoles, Ligas de Asistencia Católicas, Cofradías Masónicas. Era muy agradable constatar como todos al unísono se abocaban en el esfuerzo de rescatar de las garras de la pavorosa epidemia, al Puerto de Mazatlán.

thumb_sala_de_enfermos_en_lazaretoLa inclusión de la Junta de Caridad en la ofensiva contra la epidemia fue de mucho peso, para que los gobiernos a nivel Estatal y Federal se involucraran mas participativamente y bajo este contexto de abierta y decisiva colaboración es que se crea la Junta de Sanidad Federal, cuya responsabilidad principal seria la de canalizar y supervisar el correcto buen uso de toda clase de ayuda de origen federal en acciones y obras de saneamiento. Para lo cual se le había dotado de un fondo emergente de $20,000 pesos oro.

Esta sana conjunción de esfuerzos, empezó a dar frutos en forma inmediata; Mientras que la Junta de Caridad se concretaba a construir el Pabellón del Lazareto de Belvedere, la compra de desinfectantes, pago de salarios a médicos y auxiliares de sanidad, adaptación del Fuerte 31 de Marzo como centro de cuarentena, el levantamiento de las Barracas de aislamiento en la calle Porfirio Díaz - que hoy lleva por nombre Aquiles Serdan - y la construcción del grupo de edificios que se llegaron a conocer como las barracas del "Velódromo" y que se utilizarían para colocar en cuarentena a todo aquel viajante que quisiera entrar o salir de la ciudad.

Por su parte la Junta de Sanidad Federal, empezó con la regeneración y azolve del infame canal de desagüe, que como monumento a la inmundicia atravesaba a la ciudad, hasta desembocar en el Estero del Astillero. Así mismo se le responsabilizo con la coordinación de todas las acciones sanitarias, el emparejamiento de las calles, secado de charcas, lagunas y de ofrecer un servicio eficiente de recolección de basura.

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Fin de la Peste Negra.

thumb_bombas_de_desinfeccin2Después de casi tres años de una intensa e incesante lucha, la peste bubónica poco a poco fue cesando su implacable flagelo sobre la ciudad. Las acertadas medidas higiénicas habían logrado lo que para muchos parecía algo imposible.

Llevadas por las circunstancias que se estaban presentando, en las que se podía observar una sustancial mejoría, las dos Juntas de Asistencia realizaron una evaluación estricta de la situación existente y el acuerdo al que llegaron, fue de restringir paulatinamente las actividades de supervisión y control medico, por lo que procedieron a cerrar puestos de control, reducir personal de apoyo sanitario e iniciar los tramites para la disolución de las Juntas de Asistencia.

A finales del mes de Febrero, se presentan algunos brotes por el rumbo de Cerritos, El Confite y el Conchi y no es sino hasta el 13 de Marzo de 1903, cuando se presenta el ultimo caso de peste bubónica en la ciudad. Este suceso ocurrió en la Quinta Echeguren, lugar en el que se detecta que uno de los sirvientes de la casa se encontraba infectado.

thumb_trabajos_de_ciega_del_cao_de_desague_del_astillero_calle_vigiaDespués de esa fecha solo se escucharon rumores pero nada acontecía como para darles validez; uno de estas platicas de banqueta aseguraba que un niño de apellido Ward había caído víctima del mal el día 13 de Mayo; pero después se comprobaría que este infectado había adquirido la enfermedad en el poblado de Siqueros, que junto con la comunidad de Villa Unión, eran las comunidades en las que aun se podían encontrar vestigios de la epidemia.

La Junta de Caridad, finalmente fue disuelta el 30 de Julio de 1903, no sin antes realizar ciertas acciones que garantizaran que la peste no regresara a tierras Mazatlecas. Dentro de este contexto se dieron los pasos necesarios para clausurar al viejo panteón y crear uno nuevo; igualmente se quemo el Lazareto y se construyo uno de menores dimensiones que sirviera, para tener un control de posibles infectados; se estableció un gabinete de análisis clínicos y bacteriológicos, para estar en la posibilidad de detectar cualquier epidemia con el suficiente tiempo y se iniciaron los trabajos de la estación sanitaria de arribo en la "Isla del Crestón", la que serviría para prevenir la llegada por mar de cualquier marino o pasajero infectado.

Se puede afirmar que estos sucesos tan impactantes para la historia del Puerto de Mazatlán, pusieron a prueba la entereza y el valor de sus gentes, pero también fueron el parteaguas que dio nacimiento a una comunidad, con otra manera de ver y enfrentar los retos que se les presentaran. Solo agregaríamos que nuestros antepasados con su entereza dejaron huella y con su fortaleza y tesón se ganaron nuestro eterno respeto.

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Fuente: H. Ayuntamiento de Mazatlán
 
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