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Vive Mazatlán

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GRUPOS ABORIGENES SINALOENSES.

thumb_venado_fotogradia_gabriel_figueroa__miguel_valadezLos primeros hombres vivieron en forma nómada, en búsqueda de animales para cazar y frutos para comer. Poco a poco fueron conociendo el territorio y decidieron establecerse en los lugares que les ofrecían mejores condiciones para vivir, dando origen a los pueblos más antiguos de Sinaloa.  A la llegada de los europeos a la región del noroeste, el conjunto de pueblos se desenvolvía en el régimen de la comunidad primitiva con diversos grados de diferenciación en lo que respecta a sus formas de subsistir y sobre todo de organización ya algunos pobladores llegaron a dominar una parte del territorio en que vivían y a nombrar su gobernantes sobre todo cuando sostenían guerra con otros grupos, por lo general se les localizó a la orillas de los ríos, en las costas o en las montañas y lomeríos, siendo el agua una de las fuentes determinantes en su localización, razón por la cual la mayoría de los pueblos se establecieron cerca de este elemento vital, mostrando una economía preponderadamente pesqueras según la atestiguan grandes amontonamiento arqueológicos de conchas y residuos de alimento marino. 

En estos grupos aborígenes no fue el hombre el que formo el territorio, sino por el contrario, es el territorio el que forma la económica del hombre, aunque es el hombre el que forma el aspecto social, estos carecían de una cultura superior y su esfuerzo personal era apenas acrecentado por el uso de rudimentarios utensilios, todos tenían dialectos diferentes y con excepciones de Achires y Tamazules, que eran nómadas, los demás eran sedentarios y practicaban la agricultura.

Ir Museo Arqueologico de Mazatlán.

Entre las más importantes sobresalieron:

 

Cahitas: Ocupaban el área que hoy forman los municipios de Ahome, El Fuerte, Guasave, Sinaloa y parte del de Choix; son el grupo racial de donde proceden los Yaquis y Mayos, se extendían sobre las ribera de los ríos del El Fuerte y Sinaloa. 

Ocoroni: Sus ramas eran numerosas y los españoles los llamaron de acuerdo con la zona donde vivían, y así tenemos: Tehuecos, Zuaques, Sinaloas, Ocoronis, Nics, Ahomes, etc. 

Tahues: Habitaban en  Culiacán, Mocorito, parte de Badiraguato y la zona de Elota y San Ignacio, hasta la margen Norte del río Piaxtla. 

Totorames: Su territorio queda comprendido entre el río Piaxtla y el de las Cañas. Tenían cierta afinidad cultural con los Coras. 

Acaxes y Xiximes: Ocuparon la región serrana enmarcada desde lo que es el municipio de Sinaloa hasta el de Escuinapa. 

Pacaxes: Vivian en las tierras altas de Culiacán y en la cuenca del río Humaya en Badiraguato. 

Achires: Ocupaban la zona costera de Culiacán y Angostura. 

Guasaves o tamazules: Se establecieron en la región que ocupa este municipio y algunos etnólogos los incluyen dentro del grupo Seri. 

Características culturales de los principales grupos prehispánicos:


Totorames  Tahues   Cahitas   Achures y Tamazules   Región de Guasave.


Totorames.

thumb_img_0325sOcuparon la zona comprendida entre los ríos Piaxtla y de las Cañas, extendiéndose hasta las cercanías del río Santiago, en el actual estado de Nayarit, donde se constituyeron dos señoríos independientes entre si, el Centispac y Aztatlan.

Eran sedentarios (agricultores-pescadores), con una organización política avanzada. En  la parte del territorio sinaloense donde se establecieron, tuvieron un señorío impediente y hereditario, cuya cabecera se encontraba en Chametla.

Étnicamente se sabe que eran afines a los coras que vivían a las orillas del mar y algunos en isletas a quienes llamaban Temorettes.

Este grupo prehispánico alcanzo un desarrollo cultural avanzado. Por su parte, en Amololoa “lugar de víboras” en la serranía de Concordia se desarrollaba un asentamiento prehispánico que asombraría a los pobladores de la región por la calidad de su cerámica.

Los grupos prehispánicos que se establecieron en el territorio que ocupa el sur de Sinaloa han sido poco estudiados, sin embargo, los resultados de las investigaciones realizadas en los últimos años nos ofrecen datos de suma importancia para reconstruir el pasado en estas regiones.

Los investigadores de la INAH que se han dedicado a estudiar el territorio que ocupa los Totorames durante el periodo clásico de nuestra historia (del año 900, al 1200 d.C.) sostienen que Chametla fue el asentamiento humano mas importante en esta zona, que ahí residía un centro de mando ya que en algunas comunidades vecinas, como era Teacapán, Ixcuinapa, Otates, funcionaban centros ceremoniales, donde se rendía culto a dioses y a la naturaleza.

Estos grupos aprendieron a vivir obteniendo de la riqueza natural lo que necesitaban para satisfacer sus necesidades de alimentación, casa y vestido,  razón por la cual aprendieron a pescar poniendo “tapos” al camarón; a sembrar, sobre todo tabaco y algodón para elaborar sus prendas de vestir; a salar el pescado, para guardarlo y comerciar con él, y a elaborar sal en piedra para reducirla a granos y cambiarla por los productos que se elaboraban fuera de la región.

Los Totorames tenían un gran aprecio por sus muertos, aprendieron a enterrarlos en ollas de pared gruesa, sepultándolos cerca de sus casas. Les ofrendaban objetos de barro especialmente elaborados, desarrollando una cerámica fina, detalladamente pintada, observándose actualmente los restos de colores rojo, naranja, crema y café, además del blanco y el negro.

Tenían un concepto muy desarrollado sobre la belleza humana y aprendieron a desarrollar deformaciones cráneos y mutilaciones dentales.

Su alimentación principal, además del que extraían del mar, era el maíz, llegando a utilizar metates de grandes dimensiones que nos hacen pensar que esta tierra fue habitada por gigantes, idea totalmente absurda ya que los Totorames llegaron a tener sus brazos un poco más largos que otros grupos humanos, sin llegar a ser gigantes.

El área de influencia cultural de los Totorames comprendió: Casas Grandes, en Chihuahua; Durango, Nayarit, la costa de Guerrero; Higueras de Abuya, Tecuichamona, Culiacán y Guasave, llegando hasta Arizona. Esto fue posible gracias a que la zona costera de Sinaloa funciono antiguamente como un corredor cultural que comunicaba a los grupos que vivían al norte, al sur y al oriente de esta región que tenían como centro de gobierno al poblado de Chametla.

Esto nos permite decir que los Totorames pertenecieron a la zona mesoamericana y que la frontera cultural no era rígida ni se encontraba definitivamente establecida variando de acuerdo al comportamiento de los grupos humanos y a las condiciones ecológicas de la región.

Conocían los beneficios de la herbolaria, curando algunas de sus enfermedades en forma natural; construían sus casas de bajareque, utilizando la vara, el barro y la palma para el techo; llegaron  a construir montículos de tierra en Escuinapa, así como pirámides de conchas de ostión y patas de mula, siendo la mas importante realizada en las marismas de Teacapán, en un sitio llamado El Calón, que llego a tener 36 metros de altura y funcionó como observatorio regional.

La unidad familiar funcionaba de acerado a sus reglas y la edad de los pobladores era tan importante que si una persona alcanzaba los 40 años era considerado un viejo, dado que los peligros naturales y las guerras hacían que los individuos murieran relativamente jóvenes.

Hoy que conocemos mas de los Totorames podemos decir que Chametla, y con ella el sur de Sinaloa, fue el centro prehispánico que irradio la cultura regional que caracteriza los asentamientos sinaloenses en el occidente mexicano, sirviendo la costa del Pacifico como un corredor que enlazaba a los grupos humanos, por distantes que se encontraban, hacia todas las direcciones.

Muestra de ofrendas, objetos de cerámica y urnas funerales están atractivamente expuestos en el Museo Arqueológico de Mazatlán y en el Museo Comunitario de Chametla.

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Tahues.

Era un pueblo agricultor que cultivaba maíz, algodón, chile, calabaza y fríjol. Recolectaba frutos silvestres como tunas, pitahayas y semillas de mezquite (pechitas) con las que hacían el atole. El pescado y el marisco formaban parte de su alimentación.

Cultivaban el algodón y elaboraban mantas y camisas para las mujeres estampando figuras con cilindros de tarro que contenían los dibujos. Esto nos indica que los Tahues estuvieron muy cerca de conocer la rueda.

La cerámica fue la industria mas avanzada de los Tahues y a la que imprimieron un gran sentido artístico. La manufacturaban con una pasta muy fina y las pintaban. Algunas veces, al mismo tiempo que las pintaban, les esgrafiaban y en otras, la decoración consistía, solo en esgrafiado. La firmeza de los colores es admirable, pues en casi todas las piezas encontradas, la acción de la intemperie y del tiempo, no ha afectado el colorido y el lustre. La loza de Culiacán puede considerarse como las mas ornamentada del noroccidente mexicano.

Sus medios de transporte eran muy primitivos, pero diferentes a los del altiplano; utilizaban un yugo de madera en cuyos extremos colgaban redes para llevar la carga. Otro medio de transporte fue la litera, exclusivo de los grandes señoríos o caciques.

Eran pacíficos. Sus armas consistían en arcos y flechas con punta de obsidiana, que mas que para la guerra, las empleaban en la caza. También usaban lanzas de obsidiana, macanas y flechas de madera de Brasil con punta endurecida por el fuego, así como escudos de cuero de cocodrilo.

Las instituciones políticas de los Tahues estaban más desarrolladas que las de otros grupos vecinos, Culiacán era uno de los pequeños estados con organización política propiamente dicho: constituía un señorío hereditario o chicomoztoc, producto de la preponderancia de los caciques sobre las aldeas que integraban su entorno.

Los materiales de construcción de una casa se usan en razón del clima; así, los aborígenes de la región de Culiacán las levantaban con materiales ligeros para resguardarse del fuerte calor y reconstruirlas rápidamente si eran destruidas por las inundaciones, ya que por lo general sus poblados se levantaban en las márgenes de los ríos; por lo tanto, las casas eran de lodo y vara con techo de zacate y palma con una enramada al frente donde tejían las mujeres y jugaban los niños. Estas casas han sido muy parecidas a las que hoy vemos en los pueblos y rancherías sinaloense con la única diferencia de que las casas Tahues carecían de ventanas.

En los trabajos del campo no había diferenciación de sexos; el tianguis era una verdadera institución y sus grandes festividades tenían lugar los días de mercado.

De su religión hay pocas noticias; se sabe que rendían culto a la serpiente.

La cultura que floreció en Culiacán fue avanzada, alcanzo su mayor esplendor hacia los años 1,350-1,400 d. C. A este periodo los arqueólogos lo han denominado COMPLEJO AZTATLAN. Existe un tradición bastante arraigada que dice que Culiacán fue una fundación hecha por los mexicas a su paso por la región occidental; dándole el nombre de Huyen Culhuacan y que ahí nació el culto Huitzilopochtli.

De acuerdo con la tradición que nos habla de la peregrinación, los mexicas tenochcas, salieron en 607 d. C. De un sitio llamado Chicomoztoc “Lugar de las siete cuevas” a este lugar se le ubica en la confluencia de los ríos Gila y colorado, donde nuestro país limita con los Estados Unidos de Norteamérica: caminando siempre hacia el sur entrando por Sonora a lo que hoy es el territorio nacional y al llegar a Sinaloa, decidieron establecerse en el Valle del Río Culiacán, fundando el pueblo de Huey Culhuacan.

La palabra “Huey” en lengua nahoa significa “grande”; la segunda palabra “Culhuacan”, era el nombre del poblado, que ha tenido a la región de Culiacán como la frontera mas al norte de Mesoamérica. La alfarería encontrada en ella manifiesta afiliaciones con las altas culturas de la Altiplanicie e inclusive, con las de regiones tan lejanas como Nicaragua, lo que hace pensar que el desarrollo cultural tuvo su base en la Mesa Central.

Algunos lugares donde se han encontrado importantes vestigios de esta cultura: Las Quintas, aun costado del COBAES No. 25; La Loma de Rodriguera, al norte de Culiacán; el costado Sur del Centro SEP y las comunidades ribereñas hasta el mar, como son Mucurimi, Culiacancito, El Pizal y Yevabito.

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Cahitas.

Pueblo sedentario agricultor que sembraba calabaza y fríjol; practicaban la recolección de frutos silvestres como pitahayas y pechitas. También se dedicaban a la pesca y a la caza,

Criaron al perro bichi, que además de compañero y vigilante le servia como alimento.

Empleaban el arco y la fecha que les servían en la adquisición de su alimento, cazando jabalíes, venados, conejos, tejones, iguanas y serpientes.

Sus casas eran de petate y esto hizo que a la región del río Sinaloa los españoles le dieran el nombre de Petatlan, que en lengua nahoa significa “Lugar de petates”.

Las casas tenían la forma redonda con techos cónicos, bardeadas de esteras o petates; tipo de habitación generalizado en la región que abarca Sonora y Sinaloa.

Andaban semidesnudos, cubriendo su cuerpo con toscas mantas de algodón y pieles de los animales que cazaban. Como el algodón era escaso, el tejido no fue muy desarrollado.

Su alfarería era pobre, formada de loza tosca y artefactos de uso domestico y utilidad practica. Conocieron la elaboración de canoas aunque la comunicación por agua tuvo poca importancia debido a la escasez del caudal de los ríos.

Practicaban el deporte de la Ulama empleando una pelota de hule en un taste, donde participaban dos equipos formulados de cuatro, seis u ocho jugadores.

También jugaban al Patolli, que practicaban con unas cañitas que tenían grabados unos signos en las puntas.

Los Cahitas era un pueblo guerrero. Sus armas consistían en arcos, flechas de madera con punta endurecida al fuego y macanas, lanzas con punta de obsidiana, así como escudos de piel de cocodrilo. Usaban un potente veneno en sus flechas.

Practicaban la antropofagia ritual con los enemigos mas destacados porque creían que su valor se les trasmitiría al comérselos.

Dieron gran importancia a la castidad prematrimonial y desaprobaban el adulterio. No podían unirse los que tenían parentesco consanguíneo.

Obtenían bebidas del mamey, que además de producir el mezcal, facilitaba la fibra para el tejido, así como de la Pitahaya, tunas, pepitas de mezquite y de la miel de abeja, como lo hacían los mayas, elaborando con la miel la bebida embriagante llamada balche. En las ceremonias bélicas la embriaguez era general.

En este grupo la autoridad residía eventualmente en hechiceros o caudillo militares, sin que ninguno de ellos la acaparara para su grupo. Cada pueblo o familia numerosa tenían un jefe cuyo puesto no era hereditario.

Rendían culto al Sol y a la Luna ofreciéndoles frutos para congraciarse con ellos.

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Achires y Tamazules.

De estos dos grupos es poco lo que se conoce. Se sabe que vagaban por marismas y esteros, que su alimentación consistía en almejas y pescado que extraían de los esteros; de iguanas, culebras y ratas, que cazaban en el campo, así como pitahayas, guayabas, guamúchiles, papachis, raíces de camotes y sayas y otros frutos silvestres que recolectaban.

La existencia de estos grupos se manifiesta por la presencia de montículos de conchas y depósitos de restos marinos, que encontramos, sobre todo, en la región costera de Guasave.

Eran de una estatura elevada, superior a la de los demás miembros de cualesquier tribu, lo que causo la admiración de los españoles. Por su vida nómada no podían sembrar y cosechar algodón o mamey para el tejido de fibras, por lo que carecían de mantas y prendas para cubrirse, aunque llegaron a desarrollar una gran habilidad para el tejido de petates, con lo cual se protegían de las inclemencias del Sol y les servían como lecho.

Se perdieron sin dejar huellas de su paso, aunque se piensa que fueron incorporándose a otros grupos mas desarrollados.

A pesar se aparente incultura, en las paredes de las cuevas que existen alrededor de la bahía de Navachiste, expresaron sus sentimientos de admiración por los fenómenos naturales, pintando figura alusivas al Sol, el hombre y algunos animales.

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La región del Guasave.

No puede cerrarse al estudio sobre las tribus que habitaron el territorio sinaloense con anterioridad a la conquista, sin dar a conocer un caso extraordinario en la vida del Sinaloa prehispánico; la existencia de un grupo humano de cultura altamente desarrollada, que no fue Cahita, ni Tahue, ni Totórame, y que vivió en la región de Guasave, localizándose sus vestigios en las actuales poblaciones de Tamazula, Nío, Orba, etc.

En 1939 el arqueólogo norteamericano doctor Gordon F. Ekholm, al hacer excavaciones en Guasave, encontró muchos objetos de barro, alabastros, conchas y cobre, así como esqueletos humanos con ofrendas funerarias de especiales características.

Todas las piezas de gran belleza, con manifiestas expresiones de las culturas del altiplano y de otras regiones mesoamericanas, de tal forma que el estilo y decorado de la cerámica, hicieron pensar que el sitio haya sido un centro de culto ritual.

Confeccionaron cerámica de varios tipos: figurillas de barro, sonajas, pipas, malacates; estos últimos los usaban para el tejido del algodón. Elaboraron vasijas y de varias formas, vasijas tripoides policromadas, vasos de ónix, vasijas de coradas con pintura de laca, sellos, mascaras, cascabeles y anillos de cobre.

Pero lo más enigmático del caso es que esa manifestación cultural fuera un foco aislado en medio de la barbarie de los Cahitas.
 
El estudio de las piezas llego a la conclusión de que en ellas privada una fuerte influencia de la cultura mixteca-poblana, que vino a dar mayor interés al hallazgo.

Gordon F. Ekholm sostiene en su trabajo de investigación que un grupo humano integrado por personas devotas, emigro desde la región mixteca-poblana hasta llegar Nío, Guasave, donde forma un centro ceremonial.

Desde luego que en el mundo indígena prehispánico, las emigraciones de pueblos no fueron raras, pero admira pensar como un grupo así camino tan larga distancia evitando ser atacado por la tribus que encontró en su peregrinación.

Naturalmente que en aquel mar de guerreros feroces, este foco de cultura tuvo que desaparecer, talvez por la violencia o, bien porque fueron absorbidos por otros grupos, pero nos dejó por fortuna los restos de su magnifica obra.

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Fuente: Sinaloa, Un estado con Historia, Prof. Nicolás Vidales Soto, Escrito contenido en e libro de texto gratuito de la SEP.

 
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